Esta es la historia de dos hermanos, mellizos, de un país llamado EDENIA (País del Edén) que, por avatares de la vida, tuvieron que separarse y, transcurridos muchos años, llegaron a verse pudiendo compartir y contarse cómo había sido su vida y el porqué de su separación y falta de comunicación, durante aquélla.
Sus nombres son Brumar y Rumar, sus apellidos Tinhermoso Fuergil, nacidos en la capital de su país, llamada Deallíalcielo. Por razones políticas, las ambiciones de unos y la imprudencia de otros, su país se desmembró, cambiando las leyes que unían a todos al antojo de unos pocos, y este gran país, legendario en Europa, se convirtió en un laberinto, en el que entablaron una guerra de acusaciones y descalificaciones; unos negando la pertenencia a aquel viejo país, y quienes éste gobernaban, dándole más o menos la razón, permitiéndoles con subterfugios y engaños cambiar las leyes, que dependiendo de la Constitución les daba el poder que demandaban, diciendo que no se separarían del viejo país, pero en su espíritu, la separación era su máxima doctrina y especulación, arguyendo que serían buenos, y que nada se debiera temer de ellos.
Pues bien, pasados los años estos dos hermanos tuvieron que separarse, y Brumar que hizo oposiciones a funcionarios del Estado, fue destinado a una ciudad muy importante de la periferia del país. Estando en esta ciudad, conoció a una joven muy guapa y, como estaban muy enamorados, se casaron. Pasado un tiempo, esta ciudad dejó de pertenecer al mismo, y mediante el engaño que se produjo años anteriores con el cambio de leyes, por quienes las promulgaron que se hartaban de decir que nunca sería para romper la unidad del viejo país, se vieron inmersos en la paradoja de que pasaron a ser miembros de distinta nación, sin haber cruzado la frontera. Éste, que por razones laborales se ausentó del lugar de nacimiento, sin contar con él ni con los ciudadanos de su entorno, dejó de pertenecer al país de nacimiento, y de facto se convirtió en ciudadano de un nuevo Estado. Por ello, se sintió obligado a aprender un idioma, que sólo le servía para entenderse con esa vieja comarca del viejo país, que le vio nacer.
Brumar, contaba a su hermano que el haber estudiado para hacer oposiciones, le había costado renunciar a su nacionalidad y, a su vez, sentirse un extraño, perdiendo los derechos que le reconocían en su antiguo país. Se sentía traicionado por aquellos políticos miserables que, por seguir gobernando, lo permitieron e hicieron uso de la traición para mantenerse en el poder; no importándoles cometer la mayor de las villanías.
También se lamentaba de haberse dejado la juventud estudiando para labrarse un porvenir, que su futuro le deparara tal desgracia, y que le pusiera en la disyuntiva de elegir: entre trabajo o patria, en un mundo donde el trabajo es el mejor de los sacrificios.
Rumar, contaba a su hermano que él había tenido más suerte al quedarse en su lugar de nacimiento, porque encontró el trabajo del que vivía holgadamente, permitiéndole estar cerca de los suyos. También hacía saber a su hermano, que lamentaba de su forzada situación y que en el fondo era copartícipe de la misma desgracia, por gobernantes que les habían traicionado.
Esta es la vida de dos hermanos que, como tantos otros, la vida les separó por el imperativo de unas leyes que engañaron a sus ciudadanos.
Este viejo país se convirtió en: Vayaustedasaber, Catalunya, Euskalerría y Galiza. Estas tres últimas, cuando iniciaron sus contactos, confabuladamente, para ejercer las maniobras de segregación, se denominaron: GalEuzCa. Gal de Galicia, Euz de Euskalerría y Ca de Catalunya.